ARTESANAS DE SAN JUAN DE LURIGANCHO TEJEN SU FUTURO   ()

Con el apoyo de la Cooperativa Señor de la Esperanza

Colaboración de la COOPAC Nuestra Señora de la Esperanza

Fortunita aprendió a tejer desde muy niña mirando cómo lo hacían su madre y su hermana mayor en Huamanguilla, Ayacucho, tierra de artesanos. En los 90 vino a Lima y se instaló en el AH Nueva Vida, en San Juan de Lurigancho. En esos años se dedicó a labores muy diversas, pero nunca dejó de tejer: «hacía por mi cuenta manualidades y gorros, y los vendía a mis amigas», nos dice. Hace unos meses dejó de hacerlo «por su cuenta»: hoy forma parte de la asociación de artesanas Warmi Wiñay y, con ella, ha participado en tres ferias este año. «Ahora que estamos como grupo ya tenemos más contacto para poder comercializar nuestros productos», asegura.

Ella y cerca de diez mujeres de los asentamientos humanos de la zona de Juan Pablo II, en SJL, han conformado esta asociación para capacitarse, mejorar y ampliar su producción e insertarse en circuitos de comer-cialización. «Warmi wiñay» significa en quechua «mujer creciendo». «Y eso es lo que hacemos: trabajar y seguir avanzando un poco más», afirma Adriana Paniura, presidenta del grupo.

Adriana también preside el Comité de Educación de la Cooperativa de Ahorro y Crédito Señor de la Esperanza, institución con la cual las artesanas han establecido una fructífera relación. En la línea de apoyar las actividades económicas de sus socios, la Cooperativa ha dado facilidades para créditos individuales, para la realización de talleres de capacitación y para la participación de Warmi Wiñay en tres ferias artesanales. La asociación ha formalizado su inscripción como socia de la Cooperativa, lo que abre las puertas para fortalecer esta alianza y promover el trabajo de las artesanas desde el enfoque del cooperativismo y la economía solidaria. «Economía solidaria es lo que estamos haciendo nosotras», dice Adriana, «es una forma de ayuda mutua».

Al haberse agrupado, las warmis, como cariñosamente les dicen, han multiplicado sus capacidades productivas, pues ahora pueden responder a pedidos más grandes. De manera colectiva generan su propio capital, mediante actividades pro-fondos o a través del apoyo de la Cooperativa, y así invierten en la compra de material que luego trabajan también grupalmente. Las ganancias se reparten de acuerdo al trabajo realizado. «Como estamos haciendo nuestro fondo, todavía no recibimos mucho individualmente. Pero sí siento que estamos teniendo más mercadería que cuando empezamos» nos cuenta Maribel, la tesorera de las warmis.

La formación del grupo.- Todo se inició con un proyecto impulsado por la ONG CENCA en Juan Pablo II. El proyecto, llamado «Fortaleciendo las capacidades productivas y de comercialización de las mujeres del comedor nutricional infantil Hermana Cristó-fene», convocó a más de 50 personas con conocimientos de artesanía interesadas en mejorar la calidad de su trabajo e identificar circuitos de comercialización. Los talleres se realizaron entre octubre de 2006 y febrero de 2007. La capacitación no se limitó a los temas productivos, sino que incluyó un trabajo de desarrollo personal a cargo de un sicólogo, así como talleres de organización, economía solidaria, costos y comer-cialización.

El objetivo: incrementar las capacidades productivas de las mujeres de la zona, la mayoría de ellas en situación de extrema pobreza y con dificultad para insertarse en el mercado laboral y conseguir un empleo estable. Hacia el final de los talleres, las cerca de diez mujeres más entusiastas se plantearon permanecer unidas y conformar la asociación Warmi Wiñay. «De mi experiencia sé que es muy difícil hacerlo sola, la unión hace la fuerza», nos explica Andrea, otra de las artesanas.

Esther Álvarez, directora de CENCA, nos explica que «el tema de las artesanas va de la mano con el enfoque del desarrollo económico local. Es una manera de ir promoviendo la asociatividad y la economia solidaria en concreto, no como un discurso sino como una práctica». Álvarez reconoce que el grupo aún tiene debilidades, principalmente en lo relacionado al financiamiento y la comer-cialización. «Tenemos que orientarlas para que no inviertan lo poco que tienen en algo que luego no les resulta».

CENCA espera que el grupo Warmi Wiñay logre convertirse en una empresa artesanal bajo las formas cooperativas y que sepa sostenerse en el tiempo al margen de los apoyos externos. Como dice Álvarez, «si tú terminas de apoyarles y se disuelve todo y no hay nada sostenible, entonces ahí no has hecho nada». Para ello es necesario fortalecer en las artesanas la conciencia de que la asociatividad es no sólo la respuesta ante una necesidad inmediata, sino la puesta en práctica de una manera alternativa de hacer economía.

La cooperación de la Cooperativa.- La Cooperativa de Ahorro y Crédito Señor de la Esperanza promueve esta experiencia porque le interesa «que puedan salir adelante ellas, puedan llevar adelante sus empresas», nos explica Tarsila González, dirigenta de la institución. Tarsila también teje desde pequeña, e incluso dicta clases de artesanía. Así que comprende muy bien el mérito y esfuerzo de las warmis. Como nos confiesa Juncalí Durand, la profesora del grupo, sólo quien ha tejido aprecia realmente el valor del trabajo y tiempo invertido en los productos.

Por su parte Jesús Quispe, gerente de la Cooperativa, nos explica que ésta ha apoyado a las artesanas «dando financiamiento de manera individual, y al grupo se le ha apoyado brindándole el local para capacitaciones, reuniones y actividades pro fondos». También se han promovido dos «ferias artesanales solidarias» en el local de la Cooperativa. Además, gracias a contactos con la ONG Cedal, las warmis participaron de una feria que organizó la Municipalidad de Miraflores con motivo de las fiestas patrias.

«La experiencia permite reforzar los lazos entre ellas. Nosotros damos una orientación general de que el trabajo coordinado, la ayuda mutua y la cooperacion son las bases para tener mayor impacto en sus familias y también, más adelante, con proyección a la comunidad», dice Quispe. Ahora que el grupo se ha asociado formalmente a la Cooperativa, las posibilidades de trabajo en común son mayores. Y las responsabilidades también. En palabras de Quispe, «es un grupo en proceso de consolidacion, que empezó como un núcleo de señoras que aprendían a tejer. Pero está derivando en una unidad económica empresarial, que implica otras responsabilidades que es necesario afianzar para que cada una tenga un rol en esta empresa solidaria».

Perspectivas.- El principal problema que tienen que superar las warmis es la comercialización. Como dice Maribel, «de producir, producimos, pero necesitamos un mercado para vender». Katherine Olivera, coordinadora del proyecto por parte de CENCA, piensa es necesario que Warmi Wiñay defina un producto «estrella» que las diferencie de los demás artesanos. Ya lo han empezado a hacer: el cuy, un producto original trabajado durante los talleres de tejido, se está vendiendo de manera exclusiva en la tienda turística «Cuy Art», ubicada en la avenida Larco (Miraflores). El cuy Warmi Wiñay están teniendo bastante éxito, y las artesanas se proyectan a convertirlo en un juguete para esta Navidad.

Otra de las dificultades que tienen que resolver las artesanas es su poca capacidad de inversión y riesgo. El haberse asociado como grupo a la Cooperativa les va a permitir acceder a pequeños créditos para superar los problemas de financiamiento.

Pero es la fortaleza de la organización la clave para enfrentar las dificultades y sostener esta experiencia en el tiempo. La profesora Juncalí Durand piensa que el grupo «ha superado una etapa y ha adquirido independencia, autonomía y autodeterminación, desarrollando aptitudes para un trabajo coordinado de manera activa y no pasiva». Las warmis tienen confianza en que el grupo va a seguir adelante. Como nos dijo Adriana, «yo hacia el futuro veo que vamos a seguir unidas y tratando de avanzar».