INVERSION EN EL SECTOR RURAL   ()

Por: Manuel Rabines / Gerente General

Recientemente, en un diario de circulación nacional se publicó una entrevista a la Ministra de Trabajo donde se menciona la estructura del mercado laboral. En dicha publicación se resalta que el 52% de la Población Económicamente Activa (PEA) está concentrada en la microempresa urbana (24,3%) y en la microempresa rural (27,7%), lo que hace que 9,7 millones de personas trabajen en este tipo de empresas.

Es así que las personas que trabajan en la micro y pequeña empresa representan el 60% de la PEA, por lo tanto conforman el segmento principal al que deben orientarse los esfuerzos de las instituciones financieras bancarias y no bancarias, estos nichos deben ser ubicados y atendidos con servicios financieros adecuados a cada realidad.

Pero, éste y el segmento conformado por los trabajadores dependientes en zonas urbanas podrían estar siendo sobrendeudados, por la gran competencia de todo tipo de organizaciones que se presenta en las principales ciudades del país, incluyendo al Estado a través del Banco de la Nación, o a través de instituciones dedicadas a estas actividades, actuando como banco de primer piso en algunas oportunidades y como de segundo piso en otras.

La competencia es saludable y debe mejorar, a favor del usuario, la oferta de productos financieros, pero para eso se debe ser eficiente y competitivo. Por ejemplo, en nuestra opinión, la conversión, en el corto y mediano plazo, de algunas Edpymes en financieras o sus posibles fusiones con Cajas Rurales, tiene como propósito poder obtener fondos mediante la captación de depósitos, lo que significa que pronto existirán en el mercado financiero menos organizaciones, pero más fuertes y solventes lo que les permitirá competir en mejores condiciones.

El sector rural aún no es atendido financieramente porque no existe concentración de la población, las comunidades son pequeñas y distantes unas de otras, lo cual encarece el crédito y hace poco atractivo este segmento por lo exiguo de las utilidades para algunas instituciones financieras o dedicadas exclusivamente a las MYPES; sin embargo, las cooperativas de ahorro y crédito que están ubicadas cerca o dentro de este segmento de la población, son las que más han crecido en los últimos cuatro años.

Siendo el mercado rural muy atractivo, seguramente que las cooperativas actuaremos de forma distinta a otras instituciones. Por ejemplo, no es atractivo venir de provincias a competir a Lima donde existe demasiada oferta y el costo de fondeo es demasiado alto, pero si es atractivo que las cooperativas de Lima extiendan sus servicios al interior de país en alianzas estratégicas con sus pares de esas localidades, para evitar una competencia no deseada entre instituciones del sistema.

Pero lo función social que cumple una cooperativa es lo que hace que la comunidad la sienta más cerca y más suya, muestra de ello son los servicios de previsión social que hacen las cooperativas desde su fundación, hace más de 100 años y recientemente han sido rebautizados con el nombre de micros seguros. Cuando fallece un socio, su préstamo queda cancelado, se devuelve al deudo los aportes de capital, se cubre los gastos de sepelio y se le da al deudo una suma adicional para cubrir otros gastos. También en las cooperativas se brinda servicios de educación y capacitación para los socios y la comunidad, servicios médicos propios o en convenios y se está trabajando mucho en programas de género y con menores de edad; recientemente, se han iniciado trabajos con jóvenes y reiniciado los programas de alfabetización.

Tenemos que seguir invirtiendo en el sector rural para hacer llegar servicios financieros y sociales juntos, como la mejor forma de combatir la pobreza, generando empleo y articulando al pequeño productor directamente con el mercado, para que pueda obtener los mejores precios por sus productos, y también como el mejor medio de garantizar los créditos otorgados.